Cien mujeres desnudas y con guirnaldas crean una obra de arte

Written By ichan adiya on Sabtu, 01 November 2014 | 15.16

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Spencer Tunick en una calle sanmiguelense, durante la realización de su propuesta Sendero de los redimidos, donde expresó a las participantes: Vamos a crear un altar con personas acostadas y encimadas, arrodilladas y paradasFoto Yazmín Ortega Cortés

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Participantes en la instalación titulada Sendero de los redimidos, rodean a Spencer Tunick, quien dijo: Estamos aquí para crear una obra de arte. No se trata de una protesta o una fiestaFoto Yazmín Ortega Cortés

Merry MacMasters

Enviada

Periódico La Jornada
Viernes 31 de octubre de 2014, p. 3

San Miguel de Allende, Gto., 30 de octubre.

Cinco minutos antes de las siete de la mañana, Spencer Tunick (Middleton, 1967) dio la indicación: Uno, dos, tres. Ya quítense la ropa, y pónganse las guirnaldas. Un centenar de mujeres obedecieron sin pestañear, pese al ambiente gélido.

Cinco minutos después, con las campanadas de la Catedral en los oídos, el artista neoyorquino, con dos cámaras Mamiya colgadas en la espalda, ya estaba trepado en su escalera.

Desde allí dio más instrucciones a las entusiastas voluntarias reunidas en la calle empedrada –en las banquetas, no– de la calle de Aldama para la primera de cuatro sesiones fotográficas de la instalación Sendero de los redimidos, en el inicio de la tercera edición del Festival La Calaca.

Las primeras tomas, con la Catedral al fondo, fueron con los largos collares de flores de cempasúchil, colgados al frente de las participantes, luego, sobre las espaldas. Para lograr lo que quería, Tunick esperó, primero, que se apagara el alumbrado nocturno. El municipio había procurado que no hubiera automóviles. Pasó uno que otro transeúnte, como un señor que, con tono de enojo, se quejó de la manifestación.

Cuatro sets

El ramillete de mujeres había llegado, muy puntual, a las 5:30 horas al hotel Matilda, ubicado sobre la misma calle de Aldama. A las 6:10 Tunick se dirigió a ellas: "Es muy importante que me hagan caso. Pasarán muchas cosas a su alrededor, pero concéntrense en mí. Vayan vestidas al lugar del estudio. Trabajaré rápido debido al frío. Para mí es muy importante que se realicen los cuatro sets. Posteriormente –en julio de 2015–, les daré la fotografía que más me guste".

Pidió a las participantes no sonreír, sino mostrar una cara tranquila: "Estamos aquí para crear una obra de arte, no se trata de una protesta o una fiesta. Todas son colaboradoras.

Cuando les pido quitarse la ropa, háganlo de inmediato. Quiero el cabello suelto, nada de lentes ni joyería, es decir, cien por ciento desnudas. Sus interlocutoras le contestaron con un fuerte ¡bravo!

Martha, Cecilia, Sandra, Itzel, todas, salieron del hotel con una delicada guirnalda entre las manos y, contra su voluntad, algunas flores de cempasúchil se fueron cayendo en el camino, muy a tono con el título de la obra.

Después de la primera locación, el grupo se trasladó dos cuadras a la calle de Diez de Sollano. Ya eran las 7:24 horas y San Miguel de Allende estaba en pleno despertar, así que hubo uno que otro mirón.

Habría que anotar que a lo largo de la instalación, que duró aproximadamente una hora 45 minutos, nadie mostró alguna actitud irrespetuosa.

En Diez de Sollano, Tunick hizo varias tomas. Primero, con sus modelos de frente, luego, con las guirnaldas alzadas, después arrodilladas a manera de ofrenda por México. También de espaldas.

Hasta ese momento se había mantenido a un pequeño grupo de fotógrafos y camarógrafos a 50 metros de distancia de las participantes. Terminada la sesión en Diez de Sollano, se les informó que allí todo se había acabado para ellos, porque la comitiva de Tunick se trasladaría al toreo en la calle de Recreo, pero sólo había acceso para prensa escrita.

En la plaza de toros el ambiente fue mucho más relajado. Varias de las voluntarias se tomaron fotos entre sí. Pero aún había trabajo por hacer. Vamos a crear un altar con personas acostadas y encimadas, arrodilladas y paradas, anunció Tunick.

Relajadas, pero sin sonreír. Traten de verme a los ojos. Pretendan que están en la playa, agregó.

Hubo dos tomas sobre el piso de tierra suelta, llena de piedritas, que lastimaban los pies de las mujeres, a tal grado que María Fernanda pidió permiso para retirarse, ya que se había cortado con un alambre.

Una tercera toma se hizo en las gradas blancas de ese coso, con participantes de pie y algunas sentadas sobre la barda. A las 8:09 Tunick gritó: Ya lo tengo, gracias.

Daba la impresión que todo había terminado, pero no. A la salida de la plaza de toros el artista les recordó el último estudio, pero advirtió que sólo quería a las que se desvisten con rapidez, aunque no tenía nada de malo hacerlo con lentitud, aclaró, pero para la última sesión no iba a funcionar.

La comitiva –muchos sin saber a dónde se dirigían– arrancó por Recreo hasta dar vuelta a la derecha en Correo, la calle más empinada de San Miguel de Allende, comentó alguien, de nuevo vuelta a la derecha en Barranca hasta llegar a Garita.

Para entonces, la ciudad estaba en plena acción matutina, es decir, hubo que lidiar con el camión de la basura y los automóviles que se detenían. Sígale, gritaba Tunick.

En Garita hay una hermosa fuente, en la esquina, pero un señor de edad que vivía arriba se asomó y fue necesario pedirle que no lo hiciera por el bien de la foto.

Para la primera toma el artista pidió a las participantes que se acostaran alrededor de la fuente como si estuvieran muertas. Luego, les indicó que se pararan y aventaran las flores hacia arriba. Para entonces las mujeres estaban entre entumidas, cansadas y distraídas.

Tunick, algo desesperado, gritó varias veces escúchenme, despliéguense. Después de cuatro tomas externó: lo tengo, gracias. Nos vemos ahorita en Cumpanio.

En efecto, se dirigió al pequeño restaurante en la calle Correo, donde tomó café, platicó con la prensa y convivió con las voluntarias, quienes se retrataron con él. Qué mañana más exitosa, expresó.

Mis expectativas fueron rebasadas

Merry MacMasters, enviada

San Miguel de Allende, Gto., 30 de octubre.

En la última de las cuatro sesiones fotográficas de la instalación Sendero de los redimidos, Spencer Tunick pidió a las 100 mujeres participantes que se tiraran al suelo, como si estuvieran muertas. ¿Alguna relación con los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos?, se quiso saber.

Bienvenida la interpretación de cada quién, pero sí tiene que ver con la muerte y la partida. Es una pieza muy sensible, entonces, está abierta a cualquier significado que uno quiera atribuirle. No obstante, gira en torno a la muerte y la paz, expresó al término de la actividad realizada hoy al amanecer como parte del Festival La Calaca, que termina el 2 de noviembre.

En el restaurante Cumpanio, Tunick dijo en improvisada conferencia de prensa que no pierde la esperanza de realizar un nuevo proyecto en la ciudad de México. Quizá con las telas de la instalación Espíritus, que creó para el primer Festival La Calaca.

Reconoció que para hacerla necesita una organización adecuada y una invitación.

Señaló: Nadie que está en una posición de lograr algo me ha dicho, Spencer, ¿te gustaría trabajar aquí de nuevo?, en clara referencia a la instalación masiva de desnudos realizada el 6 de mayo de 2007 en el Zócalo, en la que participaron 18 mil personas.

"No debo proponerlo porque no conozco a las personas indicadas. Me encantaría hacer una obra en Teotihuacán con mil participantes, pero no sé a quién acercarme y no tengo un productor. Necesito ayuda. Soy una sola persona, no como un equipo de cine con un presupuesto de varios millones, que dice queremos hacer una toma en equis pirámide y cuenta con una infraestructura digna del mundo corporativo.

Sólo soy un artista, de jeans, que necesita que otras personas le ayuden. Así que si hay por allí directores de museos o curadores de arte público que se interesan en dar continuidad en la ciudad de México a un trabajo, no tan grande, quizá de mil personas, me encantaría recibir una llamada telefónica.

Neblina maravillosa

Del resultado de Sendero de los redimidos, dijo: Fue maravilloso. Uno no puede predecir cómo se van a ver miles de flores enlazadas con personas. No sólo logré mis expectativas, sino que fueron rebasadas. Cuando al final de la última sesión decidí lanzar hacia arriba las flores fue espontáneo.

Dijo que el último estudio tenía más que ver con la pérdida de vida, la delincuencia y el cielo en nuestras calles. Lanzar las flores equivalía a una celebración de la vida y la paz. Las primeras dos sesiones eran muy surreales, muy parecidas a un sendero de redención, como el título de la obra que rinde homenaje al cuerpo, al pasado y a las personas que han partido.

Nada pendiente: Me acordé de todo lo que deseaba hacer. La neblina fue maravillosa, porque no tuve que trabajar con la luz directa del sol. El cielo entero se convirtió en una gigantesca caja de luz suave. Logré grandes imágenes y obras de arte, y espero mostrarlas en la ciudad de México, Guadalajara y San Miguel de Allende.

Al final, dijo: "Quiero disfrutar la Pirámide de muertos, de Tomás Burkey –hoy se dará a conocer–, y pasar tiempo con mis amigos".


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