Teresa del Conde: Disensiones

Written By ichan adiya on Rabu, 18 Februari 2015 | 15.16

U

na frase mía, incluida en el comentario de la exposición exhibida en una galería integrada a Zona Maco, provocó un punto de vista que concierne a toda una generación. En palabras intensas de Gabriel Macotela, sin aludir a sí mismo, expresó que su generación es invisible en todas partes: no existimos, afirmó, aludiendo en bloque a una serie de colegas suyos, todos ciertamente artistas reconocidos en lo individual. La moción que lo animó a expresarme su sentir al respecto, utilizando más de una vez la palabra impunidad, (tomada evidentemente del contexto político social) equivaldría a "nadie repara, nadie se da cuenta (y eso debiera ser punible) de los esfuerzos perpetrados por una serie de artistas cuyo despunte y vigencia viene a ser posterior al de la llamada Ruptura. Ésta, enmarcada con manifestaciones adyacentes, ocupó amplios espacios a través de la exposición Desafíos a la estabilidad, que contó con buena difusión, atención y un valioso libro catálogo que circula.

Gabriel Macotela no se queja ni de la muestra que se exhibió en el Museo Universitario Arte Contemporáneo ni de ninguno de sus integrantes y curadores. Se queja de la invisibilidad actual de lo que prosiguió a la misma. No se refiere a prestigios o a mercado del arte, reclama el lugar histórico de su generación.

Mis palabras desatadoras de su incomodidad fueron éstas: no son los tiempos de la pintura. Quise decir que la pintura brillaba por su ausencia en la muestra que comenté en mi nota pasada y en otros ámbitos museísticos y posiblemente también en Zona Maco, cosa que constaté con otro interlocutor, a quien llamaré A. Concluimos lo siguiente: Hay otras maneras, no pictóricas de aludir a los signos, a los símbolos o a la representación, muchas sorprenden o resultan interesantes y hasta novedosas, pero según A (que no es artista, sino investigador y crítico virtual), la generación de Macotela, en efecto, brilló totalmente por su ausencia. Cotejé el hecho relacionándolo con otros espacios a partir de una segunda consulta adyacente hecha a otro representante generacional de Macotela cuyo nombre me fue requerido mantener en el anonimato. Este artista X sostiene con frecuencia conversaciones telefónicas conmigo acerca de lecturas, exposiciones, acciones culturales, docencia, viajes, etcétera. Es mesurado, no expansivo y amigo de las soledades, según mi criterio se expresa con ejemplar claridad. Coincidió plenamente con Macotela. Es cierto, no existimos (pero no importa, dijo, o más bien a mí no me importa). En el intento de elucidar esto le comenté una igualmente reciente conversación con Rafael Coronel, a quien sentí muy alegre consigo mismo. Me recordó que cuando joven había jugado futbol como reserva del América y que actualmente gozaba de la misma flexibilidad que tenía a los 30 años (cosa realmente envidiable). Es optimista. Se lo mencione a X y llegamos a la conclusión de que esta propia generación digámosle de momento intratiempo se vio entre dos aguas. Por un lado los de Ruptura, a quienes tanto X como Macotela veneran a profundidad como artistas y como maestros. Integraron, no un grupo, pero sí un frente: una corriente diversificada, pero discernible, les tocó mejor tiempo histórico que lo que ha sucedido con la generación posterior, que se ha sentido asediada desde hace ya lustros por las mociones curatoriales propiciadoras del arte conceptual y por la emergencia del arte joven. Tanto Macotela como X se interesan y avalan muchas de estas manifestaciones, a tiempo que coinciden en que su generación pareciera tragada por la historia, pese a que a partir de sus principales representantes, dio todo lo que pudo a raudales, sin que tenga un hito de presencia en la actualidad. Un tercer integrante de esta generación, Francisco Castro Leñero, ha manifestado parecido sentimiento. ¿Cómo comentar y responder a ese sentir? Intentemos.

1. Los tiempos, como las modas, los espectáculos y los ambientes, cambian. Hay tres o cuatro sobrevivientes de la fase inicial de Ruptura y dígase lo que se quiera, son los decanos. En materia de pintura o de disciplinas ortodoxas, que es de lo que se trata, no hay logros absolutamente contrastantes entre dicha generación y la siguiente. Hay mayores prestigios y trayectorias, pero hubo igualmente una marca definitiva en cuanto al hecho de que aquellos establecieron una fase que configura un límite (no una barrera) con la llamada Escuela Mexicana de Pintura. Eso ya no acontece con la generación siguiente, que encalla en una población artística exponencialmente mayor. Empero, si tomamos a sus integrantes más tenaces y conspicuos nos percatamos de que tampoco son tantos.

2. En materia cultural la historia suele seguir la ley del péndulo. Por lo que se ve en Zona Maco o en museos y galerías no son los tiempos de la pintura (recordemos el fenómeno Kusama, sus pinturas no fueron vistas, me consta, porque lo atestigué: nadie se paraba a observarlas). Desde Altamira y Lascaux hasta hoy se ha pintado y se seguirá pintando. La incomodidad de algunos artistas resulta de que en otras latitudes la revalorización actual de la pintura y de las disciplinas ortodoxas es un hecho. No está aconteciendo aquí lo mismo, no hasta este momento, al menos.


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