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Elena Poniatowska: Alas de maguey: la batalla de Eufrosina Cruz Mendoza

Written By Unknown on Senin, 05 November 2012 | 15.16

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Eufrosina rompió esquemas, abrió la ventana para que entrara aire en el viejo edificio de las costumbres y encabezó la revolución de los alcatraces, símbolo de las mujeres indígenas de Quiegolani, OaxacaFoto archivo Elena Poniatowska

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ufrosina Cruz Mendoza es una mujer singular. Su sentido del humor la hace llamarse a sí misma "indígena light", pero es una indígena de peso completo, porque nadie ha hecho por Santa María Quiegolani, Oaxaca, lo que ella. Tampoco nadie ha logrado que las mujeres reclamen sus derechos como ella les ha enseñado.

La presentación de su libro Alas de maguey, en el Palacio del Arzobispado, acompañada por el fotógrafo que ilustra el libro, Antonio Turok, además de Sanjuana Martínez y Marta Gómez-Rodulfo, autora del libro, resultó iluminadora, porque la editorial Casa de las palabras y su directora Anabel Ballesta echaron la casa por la ventana y no escatimaron esfuerzos ensalzar este libro.

Casa de las palabras es una editorial mexicana recién nacida que dirigen Anabel Ballesta, Juan y Alejandro Aguilar. Su objetivo es difundir libros de autores iberoamericanos noveles. Ya han lanzado Sueños guajiros. Historia de la guerrilla mexicana de los años 60 y 70, y ahora ponen en circulación, en medio de grandes ramos de alcatraces, el libro de la guapa española Marta Gómez-Rodulfo, que descubrió que tenía mucho en común con la oaxaqueña.

Eufrosina, carirredonda y enérgica, logró llegar a diputada federal, pero antes aspiró a ser presidenta municipal de Quiegolani, a los 34 años. No se lo permitieron, pero en vez de sentarse a llorar se lanzó a protestar por montes y valles y reunió a muchas simpatizantes por su causa.

Desde niña, Eufrosina Cruz Mendoza se rebeló contra su entorno. No aceptó su destino de mujer indígena sumisa. Rechazó los usos y costumbres que nos hacen creer que la mujer vale menos que una piedra y están de acuerdo en que se entregue a niñas de ocho años al mejor postor para convertirlas en espositas y madres de familia numerosa.

En Santa María Quiegolani, las mujeres tienen que conquistar su libertad desde que son niñas. Su punto de partida es más duro que el de otras mujeres. Llegar a la cima, como lo ha logrado Eufrosina Cruz Mendoza, desde un lugar tan olvidado por la sociedad como Santa María Quiegolani, es una hazaña.

La española Marta Gómez-Rodulfo caminó junto a Eufrosina y retrató al México de hoy, en el que jóvenes indígenas intentan cambiar las tradiciones de su comunidad que les resultan obsoletas y aspiran a la igualdad sobre todo política.

Eufrosina pretendía salir de la Sierra de Yautepec, aprender español, estudiar, ayudar a otras mujeres consideradas inferiores, y lo logró al dejar su pueblo y vender elotes, pepinos y tortas en Salina Cruz. Sufragó sus gastos escolares hasta llegar a la universidad y terminar la carrera de contaduría, y se convirtió en instructora comunitaria de la Comisión Nacional de Fomento Educativo, y viajó por rancherías y villas para conocer las necesidades de la gente. Entonces se dio cuenta de que en Oaxaca hay niños que aún mueren de diarrea y familias enteras que tienen hambre.

En muchas zonas indígenas no hay centros de salud, ni escuelas ni maldita la cosa. Eufrosina fundó tres escuelas de nivel bachillerato en rancherías perdidas.

Y lo hizo con alegría, porque Eufrosina Cruz Mendoza es la personificación del optimismo. Sonríe a todas horas y su rostro expresa su optimismo. Sus dientes blancos relampaguean y hacen pensar en el maíz más tierno. Es bonita como una manzana. Su voz también es la de la alegría, tiene campanas adentro. Su voz lucha al lado de las mujeres que buscan que las traten como a los hombres y respeten su poder natural: sabe que las mujeres por su sola presencia apaciguan y le quitan dureza a las situaciones más peliagudas.

Aunque lograr la igualdad entre hombre y mujer en México es aún un sueño, algunas luchadoras sociales como Rosario Ibarra de Piedra han logrado humanizar nuestras instituciones.

Si la desigualdad entre hombre y mujer en la ciudad es enorme, en las zonas rurales es abismal. Y si se trata de comunidades indígenas, tantito peor. La vida de la mujer sigue siéndole adversa, porque los cacicazgos masculinos resultan invencibles y los caciques actúan por encima de la ley.

Oaxaca, la tierra de Eufrosina, trata mal a las mujeres. A pesar de que más de 52 por ciento de su población es femenina, los puestos de elección son para hombres. En las instituciones o las empresas casi no hay mujeres. No sabes, tú no sabes por tanto no puedes es una frase común en los oídos de las mujeres. Las estadísticas dan un panorama sombrío: 38 de cada 100 no saben leer ni escribir, y sólo 41 por ciento participa en la economía; seis de cada 10 son violentadas. En el ámbito político la situación es peor. Sólo hay 16 presidentas municipales en 570 municipios: un 3 por ciento del total, y de estas sólo seis fueron elegidas por el sistema de usos y costumbres, método indígena y ancestral de autogobierno.

Eufrosina quería ser alcaldesa de su tierra y acabar con la creencia de que el poder político es sólo para los hombres. ¡Dios nos libre! Los hombres le impidieron postularse. Jamás imaginaron que recibiría tantos sufragios. Atemorizados por la fuerza de esta zapoteca de rasgos dulces y voz firme, los hombres tiraron sus votos a la basura e impidieron su ascenso. Aquí las mujeres no existen, espetó el edil Saúl Cruz Vázquez al ordenar destruir las boletas.

Eufrosina denunció el fraude ante el Instituto Electoral de Oaxaca que nada hizo y acudió a la Dirección de Usos y Costumbres, pero la respuesta surrealista fue que en el catálogo del municipio no aparece la palabra mujer y, por tanto, destruir los votos resultó un acto legítimo.

Al ver que llevabas la delantera decidieron anular la asamblea a la mitad del proceso, cuenta Eufrosina a Marta Gómez-Rodulfo en Alas de maguey.

En lugar de guardar un silencio cómplice, como manda la tradición, la oaxaqueña denunció en cuanta asamblea a la que era invitada la corrupción de un sistema que margina a la mujer.

Eufrosina, La China, como le dicen, rompió esquemas, abrió la ventana para que entrara aire en el viejo edificio de las costumbres y encabezó la revolución de los alcatraces, símbolo de las mujeres indígenas de Quiegolani. No sólo luchó por el sufragio efectivo: demostró que el cambio es posible. Vamos a callarte con balas –la amenazaron los machos en el poder; las mujeres fueron hechas para atender a los hombres, para cocinar y cuidar a los hijos, no para gobernar.

Sus opositores la subestimaron. No sabían de su determinación desde niña para salir de la Sierra de Yautepec, aprender español, estudiar, y de su rabia por ser considerada inferior. Acudir a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y conseguir que le diera la razón fue su triunfo. Los funcionarios reconocieron la violación de sus derechos y la discriminación durante el proceso electoral y recomendaron la reforma de las leyes de Oaxaca, que finalmente el Congreso de ese estdo aprobó, para añadir el artículo 25 a su Constitución.

Desde entonces, Eufrosina lucha por los derechos de las mujeres indígenas. Es líder comunitaria, referente en la reyerta por la equidad de género. Diputada local, fue la primera indígena en presidir el Congreso de Oaxaca. Electa diputada federal continúa su batalla desde el Congreso de la Unión.

La hazaña de Eufrosina es una victoria que comparten otras mujeres. Su historia llama la atención y la convierte en símbolo de esperanza y fortaleza humana.

Eufrosina habla, expone, afirma, exhibe, cuestiona, denuncia, señala, cuenta y Marta Gómez-Rodulfo consigna y compone esta biografía íntima y pública de una mujer capaz de cambiar su destino para cambiar también el de muchas, el de Oaxaca y el de México.

Las fotos de Antonio Turok (extraordinario biógrafo de la pobreza del estado Chiapas) acompañan a este libro que es, en sí, un bello objeto, una ventana a la vida de una mujer que es un alcatraz vivito y coleando que sabe desafiar el destino de las indígenas confinadas a las órdenes de su amo y señor.


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Yuriria Iturriaga: No sólo de pan

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n octubre de 1995 se inauguró el primer Salón del Chocolate de París, la exposición tuvo lugar en un bodegón temporal que ocupaba el lugar del hoy Museo del Quai Branly, al lado de la Torre Eiffel. Casi enfrente, del otro lado del río Sena, en el Grand Palais que alberga exposiciones temporales, había una exposición poco visitada sobre el chocolate y en la cédula de presentación, en grandes letras que leían los grupos escolares, decía: "La historia del chocolate comienza en el siglo XVI…"

Quien esto escribe, en su calidad de funcionaria mexicana del Servicio Exterior, a la sazón directora del Instituto Cultural de México en París, protesté enérgicamente y se nos concedió gratuitamente un espacio de nueve metros cuadrados a la entrada del pabellón, para exponer el fundamento de nuestra queja. Así, expusimos más de una veintena de fotografías amplificadas sobre unicel, con una docena de cédulas del mismo tamaño explicando la verdadera historia del chocolate desde sus orígenes botánicos amazónicos, su migración probable mediante las heces de simios hasta el sur de Mesoamérica y el crédito incontestable de los mayas de haber convertido esta maravillosa semilla en un bien para el ser humano. Sin olvidar su utilización como equivalente universal de productos diversos, o moneda en tiempos imperiales mexicas y su uso continuo hasta hoy en las cocinas de México.

Pusimos los pocos objetos que conseguimos llevar de urgencia: un metate, semillas de cacao, círculos y cilindros de chocolate con piloncillo hechos por indígenas de Oaxaca… Tuvo tanto éxito la introducción de la verdadera historia de este producto, que durante años el Salón dio a México gratuitamente dicho espacio. Sin embargo, funcionarios sucesivos de nuestra embajada abandonaron este privilegio y misión; hasta que buenos ciudadanos mexicanos alquilaron stands un año u otro y, según sus posibilidades, mostraron más bien modestamente –al lado de las grandes transnacionales del chocolate– evocaciones de nuestro aporte histórico y productos actuales. Lo sé porque yo también acudía como espectadora a las exposiciones anuales y dicho Salón me invitó en 2005 para preparar delante de 300 personas un mole poblano: único platillo salado conocido que lleva este ingrediente, me dijeron los organizadores el mismo año en que un notable chef fabricó una catedral de chocolate.

En sólo 17 años, el Salón del Chocolate de París tuvo repetidores en las ciudades francesas de Lille, Nantes, Burdeos, Lyon, Cannes y Marsella, así como en ciudades de otros países: Nueva York en Estados Unidos, Bahía en Brasil, Boloña en Italia, El Cairo en Egipto, Seúl en Corea del Sur, Shangai en China, Tokio en Japón y Zurich en Suiza… y ¿en México? Un casi ex presidente diría todos bien, gracias, pero la realidad es que ¡el cacao en nuestro país está en peligro de extinción!

Según expertos, la producción de cacao mexicano, el originario de almendra blanca de gran calidad y exquisito aroma, ya casi no existe, habiendo sido sustituido por granos de Brasil, Ecuador y el Caribe, menos frágiles. Aún así México tiene una balanza negativa en el mercado de cacao en grano seco: este año se importará dos veces lo que producimos. Y mientras existe una falta total de interés por parte del gobierno de la Federación y de los estados de Tabasco y Chiapas para fomentar la producción y la comercialización, un productor puede vender, tocando de casa en casa, un kilo de cacao en cinco pesos, cuando podría ganar 30 a 40 pesos por kilo si el acopiador que lo toma en consignación lo llega a vender al procesador. Al tiempo que los mexicanos comen el peor chocolate del mundo por su calidad y aditivos químicos.

Ghana, Nigeria y Camerún en África, e Indonesia y Malasia en el Oriente, satisfacen la mayor parte de la demanda mundial constituida en 32 por ciento la de Estados Unidos y 37 por ciento la de Europa. Para el chocolate no hay crisis, señalan artesanos reunidos en París, consignó La Jornada este viernes. ¿Qué esperamos? Es el momento de crear el Museo Nacional del Chocolate, cuyo guión me fue encargado hace tres años por el flamante alcalde de Tequisquiapan, un museo que hiciera renacer la conciencia de este otro oro negro, patrimonio de los mexicanos, y defenderlo.


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Para José Luis Trueba, los muertos vivientes constituyen la sociedad perfecta

Fabiola Palapa Quijas

Periódico La Jornada
Domingo 4 de noviembre de 2012, p. 8

Desde la literatura, el cine, la televisión y los videojuegos, la figura del zombi ha adquirido una presencia importante en el mundo de la ficción. Los muertos vivientes están de moda, y en este auge surge el libro Amor, zombis y otras desgracias, del escritor mexicano José Luis Trueba Lara, publicado por el sello Alfaguara Juvenil.

En entrevista con La Jornada, el autor explica su admiración por estos monstruos, cadáveres ansiosos por devorar a los vivos, caminantes que no mueren a menos que su cerebro sea destruido.

"Cuando la Cineteca de México existía en Río Churubusco y Tlalpan, yo estaba en la secundaria, y se estrenó La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero, en los años 70. Recuerdo que me fui de pinta, estaba muy cerca de la Cineteca, y para mí esa película fue una revelación. Han pasado casi 40 años y he sido de una fidelidad absoluta a los muertos vivientes: me encantan.

"Creo que he visto todas las películas y he leído todos los libros, sobre el tema, que siempre me ha gustado. Mi libro, que originalmente abordaría la vida de un adolescente en la escuela, se volvió de zombis, sin querer. Al final, Amor, zombis y otras desgracias es un gran homenaje a todas las películas de muertos vivientes."

La gran popularidad de las historias de zombis –aclara el escritor– en realidad no está vinculada con el cine de ese género, sino con la serie de televisión The walking dead, que ha provocado cosas francamente sensacionales, pero mi trabajo está más cercano al cine, porque me gustan más las películas que las series.

El volumen narra la historia de un adolescente que cambia de escuela, conoce a nuevos amigos y descubre cómo los no muertos comienzan a invadir las calles de la ciudad de México. El mérito del libro es que se trata de un gran collage de escenas y personajes de las películas de zombis.

Si revisas la novela con cuidado, en cada página sucede algo relacionado con el mundo de las cintas de no muertos. Por ejemplo, el protagonista del libro es Jorge Antonio Romero, y el director de se llama George A. Romero.

Todos los personajes salen de películas como La Noche de los muertos vivientes y Perturbados.

La historia está narrada mediante las páginas del diario de Jorge Antonio, de mensajes SMS, de Twitter, de blogs, de perfiles en Facebook y de varios videos del personaje de Alicia; al respecto, el autor comenta: "Son como siete voces en la novela; siempre quise contar una historia desde muchas voces y siempre buscaba cómo lograrlo, así que cuando empecé a trabajar en este libro y llega el momento en que él se va a la escuela, me pregunté cómo lo ven los otros, y me acordé de mis alumnos de la universidad, que todo el tiempo están enviando SMS y poco a poco se sumaron las redes sociales en la trama.

Me parece que esa parte funciona muy bien, porque tienes la historia en diversos medios, es algo parecido a lo que sucede en las películas producidas por Romero, donde te cuentan lo que pasa el mismo día en diferentes lugares.

José Luis Trueba, quien ya piensa en la segunda parte del volumen, considera que la sociedad zombi es perfecta: todos son iguales, todos se mueven igual y tienen un mismo fin, y todos son políticamente correctos.

"Me gustan los zombis porque es el retrato de lo que somos, un retrato muy torcido, zombificado, pero que en el cine muestra cómo estos no muertos hacen lo que sea con tal de salvar su piel: son capaces de comerse a los otros; lo mismo ocurre en la sociedad: para salvar su trabajo, la gente devora a los demás y hace lo peor. Me parece que es la metáfora ideal de nuestro mundo.

En un salón de clases, cuando alguien es diferente, automáticamente es agredido, atacado y tiene que volverse igual. Los zombis son la igualdad absoluta, entre ellos no hay diferencias.

Aunque admite que existen varios mitos en torno a la literatura juvenil e infantil, Trueba asegura que estamos viendo el surgimiento de una nueva generación lectora que es brutalmente apasionada.


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En La torre y el jardín, Alberto Chimal reúne su descubrimiento de la novela

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El autor, en entrevista con La JornadaFoto Francisco Olvera

Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Domingo 4 de noviembre de 2012, p. 5

Una historia extraña escribió Alberto Chimal en la última página de su nueva novela La torre y el jardín, con la que se abre la colección Hotel de las letras, de la editorial Océano. Esta es la segunda novela de Chimal, quien ha dedicado la mayor parte de su obra a la exploración del cuento y, de manera más reciente, a las microhistorias en 140 caracteres.

La torre y el jardín, antes que nada, es una novela de aventuras; desde ahí es rara: son personajes a los que les pasan muchas cosas mientras exploran un lugar, mientras se aventuran más allá del mundo que conocen. Pero también, este es un proyecto que se vincula a otras cosas que he escrito, y tiene que ver con lo que se llama literatura de imaginación, fantástica; además, con ese personaje con el que he estado trabajando durante muchos años: Horacio Kustos.

De alguna manera, añade el narrador en entrevista, creo que este libro es la columna vertebral de un trabajo que he estado haciendo durante mucho tiempo. Es un libro que me tomó muchos años. Lo comencé en 2004, lo terminé este año, y reúne un montón de temas que me interesan, historias y personajes y, por decirlo así, todo mi descubrimiento de la forma de la novela, porque mucho tiempo había escrito y publicado prácticamente sólo cuento.

La historia de este libro ocurre en un burdel que pareciera ser infinito, con varios pisos, aunque por fuera sólo tiene siete. El burdel esconde un misterioso jardín donde se practica la zoofilia –aunque ninguna escena esté escrita con lujo de detalles–, un lugar muy perverso. Ese sitio es para mí como el lugar donde se junta lo más sórdido de la vida real, lo más terrible, lo más rutinario, con lo más extraño y lo más sorprendente.

Me gustaría pensar que también esta historia puede ser la del momento en que un puñado de personajes encuentran una modificación fundamental en sus vidas, hacen un descubrimiento que lo trastoca todo, y ese descubrimiento siempre es, en las novelas de imaginación, una metáfora. En este caso es como una metáfora de las vueltas y de las torceduras que puede haber en la vida de cualquiera, en las cuales aquello que nos parecía muy seguro, muy claro, de pronto se revela que es otra cosa, que nunca fue lo que pensábamos, y eso nos puede pasar incluso en circunstancias de lo más cotidianas y de lo más mundanas.

El erotismo de La torre y el jardín como metáfora del poder, de su uso y abuso, como moneda de dos caras: por un lado la manifestación extrañísima del amor, y por el otro una manifestación muy extraña del uso y abuso del poder. Me parece que tristemente en este mundo muchas veces cuando nos vemos aplastados por otro, cuando nos vemos dominados, sometidos por alguien más, ya sea en la familia, la política, en el trabajo, en cualquier situación, en lugar de tratar de recobrar la poca libertad, tratamos es repetir ese patrón de abuso en alguien que está por debajo de nosotros; de eso trata también la novela.

Esta es la segunda ocasión en la que Alberto Chimal incursiona en la novela. La primera fue en Los esclavos. Aunque siempre defenderé el cuento, y siempre espero volver a él, porque es un género que me fascina y que tiene muchísimo por decir, como siempre lo ha tenido, me interesaba la novela y encontrar un tema, una historia que valiera la pena contar en este género y que me permite hacer cosas que quería, jugar con diferentes modos de contar, con la estructura con la forma, con diferentes tiempos y personajes. Lo que no sabía es que iba a ser un proceso tan largo.

Ahora, Alberto Chimal está iniciando una nueva novela. Hoy ya sé que puedo escribir una novela de 400 páginas; ya sé que puedo, por lo menos, apuntar hacia este tipo de escritura.


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Tunick considera que es “retórica vieja” cuestionar el papel del cuerpo en el arte

Tunick considera que es retórica vieja cuestionar el papel del cuerpo en el arte

Merry MacMasters

Enviada

Periódico La Jornada
Domingo 4 de noviembre de 2012, p. 4

San Miguel de Allende, 2 de noviembre. De acuerdo con Spencer Tunick, resulta fácil para los artistas hacer trabajos con el cuerpo en interiores, porque por más controvertida que pueda ser la pieza, uno se encuentra en una red protectora y especie de cuna del mundo del arte de lo que ha sucedido antes.

Pero, al trabajar en un espacio público con el cuerpo se está expuesto a muchas personas y grupos conservadores que, uno: intentarán pararte y, dos: dirán cosas horribles acerca de ti. Así que siempre trato de hallar un lugar y a personas que enaltecen mi obra, expresa a La Jornada el artista neoyorquino de la instalación, quien el este domingo clausurará el primer Festival de la Calaca en esta ciudad guanajuatense, que le ha dado esa acogida con la pieza Espíritus, que tendrá lugar en Los Senderos, con la participación de 300 personas.

El riesgo de su arte

Según Tunick los cuestionamientos en torno a lo conservador del cuerpo es una retórica vieja en el mundo del arte. Acota: Mi obra no es dócil en el espacio público y es muy difícil de realizar, de conseguir permiso. De otra manera, el riesgo de ser arrestado o detenido es muy alto, cosa que me acaba de suceder hace dos semanas en Buenos Aires. Allí, la policía me detuvo junto con los modelos, y sólo nos dejó ir después de que le di 200 dólares.

Enseguida trae a colación lo que le pasó al grupo punk Pussy Riot en Moscú: "Hice una serie de desnudos masculinos frente al edificio de gobierno. Fue una comisión de la bienal de Moscú, pero no tenía permiso. Lo hice con mi idea de que el cuerpo es agente de cambio en el espacio público. Para mí, es el opuesto de la pornografía abierta y al crimen. Sigo apoyando que el cuerpo sea natural, libre, y que las personas que te quieren detener, lo hacen porque quieren controlarte y adueñarse de ti.

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Imagen de la instalación que montó Spencer Tunick en la plancha del Zócalo en mayo de 2007Foto José Carlo González

"Amo trabajar con el cuerpo. Sé que mientras más lo hago, mejor estarán las personas en el futuro. Los fanáticos religiosos que uieren controlar a las mujeres, ser dueños, mientras para mí lo opuesto sería el cuerpo desnudo como expresión de libertad, contra la opresión y el control.

Luego, si puedo hacer obras que evoquen esa esencia lírica y mística, entonces puedo satisfacer mi visión de lo que el cuerpo hace, que no sólo es escultura, sino también una explosión de la vida.

Espíritus tendrá lugar al atardecer del domingo y se prolongará hasta el comienzo de la noche. No estará abierto al público, porque, no obstante que tenga aspecto de arte performativo, no es una manifestación de esa índole. Para ello, Tunick trabajará con un tripié y hará exposiciones largas con la esperanza de que la tela empleada se agite en el viento y los espíritus cobren vida y brillen debajo de esta fábrica blanca y transparente de aspecto líquido.


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Fallece la arquitecta italiana Gae Aulenti

Written By Unknown on Sabtu, 03 November 2012 | 15.16

Dpa

Periódico La Jornada
Viernes 2 de noviembre de 2012, p. 8

Roma. La arquitecta italiana Gae Aulenti, una de las más reconocidas de su país, murió a los 84 años en Milán, tras una larga enfermedad, informaron hoy sus familiares. Aulenti recibió varios premios internacionales, entre otros por el diseño de varios conocidos espacios culturales, como el parisino Museo d'Orsay, donde reconvirtió una estación de ferrocarril en recinto de arte. Además, ideó las salas de exposiciones del Palazzo Grassi, en Venecia, y a finales de los años 80 asumió la restructuración del Museo de Arte de Cataluña, en Barcelona.


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Alí Chumacero legó “un testimonio poético de lucidez metafórica”

Ángel Vargas

Periódico La Jornada
Viernes 2 de noviembre de 2012, p. 7

Alí Chumacero era un hombre que gozaba con las palabras, las buenas y las malas, destacó el poeta Hugo Gutiérrez Vega durante el homenaje que se rindió anteanoche al poeta nayarita en el Palacio de Bellas Artes, con motivo de su segundo aniversario luctuoso, cumplido el pasado 22 de octubre.

Le gustaban todas las palabras, las buenas y las palabrotas, de acuerdo con la clasificación de la Iglesia católica; jugaba con ellas, porque era un gozador de la vida, afirmó el director del suplemento cultural La Jornada Semanal.

A Alí le gustaba vivir, le gustaba la gente, aunque a veces le abrumaba, pero en general le gustaba la gente, en especial las muchachas.

Acompañado por el escritor y crítico Emmanuel Carballo y por Luis Chumacero, hijo del homenajeado, Gutiérrez Vega prodigó recuerdos, anécdotas y reconocimientos para quien definió como su amigo, compañero de parrandas, pero sobre todo maestro.

Mucho me orientó Alí Chumacero con su humor, su equilibrada antisolemnidad y su notable erudición, fundamentales en la historia de la literatura mexicana moderna, sostuvo.

Era un teórico del fenómeno poético, que pone el ejemplo de claridad, brevedad y capacidad de conversación lírica en los libros que consideró suficientes para dejarnos un testimonio poético lleno de originalidad, de lucidez metafórica y de sinceridad.

Gutiérrez Vega, quien ocupa la silla que dejó vacante el autor originario de Acaponeta en la Academia Mexicana de la Lengua, reconoció su deuda con aquél en cuanto la urgencia de la sinceridad y la búsqueda de las palabras necesarias para expresar la emoción de la cual brota el poema.

"Mucho me enseñó, no sólo a través de conversaciones, conferencias, reuniones, notas de lecturas, sino fundamentalmente en sus tres libros (Páramo de sueños, Imágenes desterradas y Palabras en reposo)", en los que hay un universo poético tremendamente rico, lleno de sugerencias y además absolutamente original.

Entre otros aspectos, el escritor y periodista expresó su desacuerdo con aquellos que consideran que Alí Chumacero fue un autor de poca producción.

Escribió muchísimo, era un polígrafo, o él mismo lo diría, un bolígrafo. Hizo tres libros de poesía, pero cuántos pequeños ensayos escribió; cientos, miles de pequeños ensayos, que son sus informes de lectura, una obra monumental, ahora reunida por el Fondo de Cultura Económica, argumentó.

Emmanuel Carballo reparó también en la generosa faceta de maestro que siempre distinguió al homenajeado y afirmó que gracias a él aprendió más o menos a escribir. El escritor y crítico literario aseguró que para descubrir al verdadero Chumacero no había que buscarlo en sus facetas de poeta ni de crítico literario, sino en sus charlas: Si se hubieran grabado sus conversaciones, habría que inventar un nuevo género dentro de la literatura mexicana.

Luis Chumacero habló de la biblioteca de su padre, donde éste encontraba su remanso y fue de donde surgieron sus grandes influencias, además de que de ella provienen muchos de los libros e investigaciones sobre historia de la literatura mexicana.

Contó que el poeta comenzó a integrarla a finales de los años 20 del siglo pasado, con novelas de aventuras y poesía; sumó 40 mil volúmenes y 10 mil publicaciones, entre revistas y suplementos.


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Angelina Muñiz-Huberman “se apropia de la tradición secreta de su estirpe”

Ana Mónica Rodríguez

Periódico La Jornada
Viernes 2 de noviembre de 2012, p. 4

Con la lectura de algunos de sus poemas, Angelina Muñiz-Huberman (Francia, 1936), presentó la antología personal poética Rompeolas: poesía reunida, libro publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Hace unos días, en el Ateneo Español de México, acompañaron a la escritora, además de la moderadora Carmen Tagüeña, Adolfo Castañón (prologuista del volumen), Leopoldo Cervantes-Ortiz y José María Espinasa.

Entre referencias a su vida, trayectoria literaria, a sus colegas poetas y a destacados escritores del exilio, los especialistas compartieron momentos vividos por Muñiz-Huberman desde su infancia así como los espacios en que ha habitado la traductora y narradora.

Castañón explicó: Angelina Muñiz-Huberman es una exiliada múltiple y de varias dimensiones, una desterrada española quien llegó aquí siendo muy niña, pero, en este mismo lugar recibió la noticia de que ella era y pertenecía al linaje de una cadena de desterrados, exiliados y de peregrinos fuera de su patria que fueron y son los judíos que se quedaron en España.

Y escribió en el prólogo titulado A tientas liminares: Angelina Muñiz-Huberman pertenece tres veces a la cultura del destierro: nació en Hyères, en Francia, hija de refugiados españoles que a su vez mantuvieron en secreto durante casi 500 años su identidad hebrea. A la condición de refugiada hija de republicanos españoles cripto-judíos ha de añadirse la de esa mente desheredada que es la del poeta y escritor.

Vivir el exilio

Además, enfatizó Castañón, Muñiz-Huberman se apropia de la tradición secreta de su estirpe y ha incursionado en la alquimia y en la botánica mágica para lograr una transmutación y transformación que realiza de manera sencilla, lo cual también se devela en su obra poética.

Los poemas de Angelina están en diálogo continuo, por una parte, por la llamada cantidad hechizada de la muerte, y por otra, por la cantidad de lo elemental que es ilustrada, encarnada o ejemplificada por el mar, puntualizó el escritor.

De hecho, aseveró Leopoldo Cervantes-Ortiz, "me parece que los primeros poemas muestran cómo –sin que sea una obsesión malsana o patológica incluso–, el exilio es el centro donde gira toda la obra de Muñiz-Huberman".

José María Espinasa se refirió a los recuerdos de la niñez de Muñiz-Huberman con la palabra rompeolas, la cual, dijo, tiene un eco de protección, de estar a cubierto, que me parece tiene también en otro plano la poesía, sobre todo, para los que de una manera u otra vivieron o heredaron la vivencia del exilio.

La autora de La sal en el rostro, prosiguió Espinasa, pertenece a esa generación llamada hispano-mexicana, la cual ahora en el siglo XXI recibe una importante atención de la crítica y de las editoriales, a la altura de sus cualidades.

En Rompeolas, el lector hace un recorrido por los senderos de la creación poética y una reflexión sobre la identidad, la memoria, la soledad, la pérdida y el amor, temas recurrentes en la escritora.


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Betsabeé Romero dedica Altar sin nombre a migrantes asesinados

De la Redacción

Periódico La Jornada
Viernes 2 de noviembre de 2012, p. 5

La Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) presentará en la Casa Universitaria del Libro, en Monterrey, la instalación Un altar sin nombre, de Betsabeé Romero, en el contexto de sus jornadas de Literatura y migración.

La artista dedica su obra a los migrantes que perecieron en su andar hacia el norte. Se conforma con velas, pan de ánimas y papel picado inspirado en los detalles arquitectónicos del recinto.

Romero hace referencia a la matanza perpetrada en San Fernando, Tamaulipas, en 2010, al incluir un poema que acompaña el altar: 72 velas encendidas no alcanzarán/ Ni todas las ánimas acompañando la pena/ Ni las guirnaldas/ Ni los ramos/ Cómo hacer pasar esa vergüenza de saber/ Que aquí los niños se llenan de balas/ Los sueños y las manos/ Que aquí se dejan caer, sufrir y desaparecer/ 72 ausencias, con o sin nombre/ Tantas vidas/ De hermanos, de amigos/ Que no podemos volver a abandonar/ Un altar por ellos/ Por cada uno/ Y por la esperanza de ser nuevamente/ Ese país con los brazos abiertos a una/ Familia con la que nunca debimos de inventar fronteras.

La instalación se inaugura mañana, a las 18 horas, en el recinto de Padre Mier 909 Pte., esquina Vallarta, en Monterrey.

Ahí, Rocío Cárdenas conversará con la artista y luego Dolores Martínez dará un concierto con música alusiva a la festividad del Día de Muertos.

Habrá degustación de tamales, champurrado y pan de muerto para los asistentes. Entrada libre. La instalación concluirá exhibición el 16 de noviembre.


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Saúl Ibargoyen hace un ajuste de cuentas familiar para atemperar emociones

Carlos Paul

Periódico La Jornada
Viernes 2 de noviembre de 2012, p. 5

El exilio, el amor, el autoconocimiento, las historias familiares y las relaciones fraternales, la violencia, la represión y la tortura son temas que se entretejen en la más reciente novela Volver… volver, del narrador y poeta uruguayo-mexicano Saúl Ibargoyen.

La noche del pasado martes, esa obra fue presentada en la Casa del Poeta Ramón López Velarde, por Lucía Izquierdo, Hortensia Carrasco, Gustavo Ogarrio y Armín Gómez Barrios.

Publicada por la editorial El Ermitaño, en la novela de Ibargoyen, mediante los sueños y pesadillas del personaje Leandro, el autor nos lleva de la mano a un viaje a Riomar (que simboliza la ciudad de Montevideo, Uruguay), periplo que permite al lector descubrir que se puede estar lejos de todo, sin estar cerca de uno mismo, apuntó Lucía Izquierdo.

Respecto del exilio y el regreso, Ibargoyen deja ver en su novela que aunque se puede volver siempre al mismo punto, nunca se llega de la misma manera ni se siente ni se recuerda lo mismo, comentó Izquierdo.

Leandro vive en un entorno represivo, ominoso, de lucha política y convive con tres mujeres distintas en edad y modo de presentarse y representarse.

Culmina trilogía

En su intervención, Hortensia Carrasco recordó que Volver… volver, junto con los libros Sangre en el Sur y El torturador, forman la trilogía que se necesita para entender las situaciones que vivió Ibargoyen.

El personaje intenta una reconstrucción de lo que fue su vida, en la infancia y la juventud. En la novela, se señala que hay un regreso doloroso, porque hay espinas en el cuerpo social que siguen clavadas, también muchas imperfecciones, traiciones y aspectos sociales no resueltos. Además, como Leandro es un militante, el libro conlleva también un punto de vista político, apuntó Carrasco.

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Saúl Ibargoyen en la Casa del PoetaFoto Carlos Ramos Mamahua

Regreso al país natal

Volver… volver, destacó Gustavo Ogarrio, es una novela plenamente identificada con esas coordenadas en la obra de Ibargoyen: dictadura, fascismo, tortura y, finalmente, exilio y regreso.

En esta novela se pregunta por un tema que ronda toda su obra: el regreso al país natal, su imposibilidad, su enfrentamiento con el pasado, el anacronismo que viven los que se van respecto de los que se quedan, las huellas de lo que ya no existe o que existe de otra manera, apuntó Ogarrio.

Leandro es una especie de extranjero en su matria, reseñó Armín Barrios. Salen a su encuentro las mujeres que amó, los hijos que abandonó, los padres que lo cuidaron, las muertes que lo sorprendieron, los amigos que lo acompañaron y los comunistas que lo aleccionaron; pero también en este rencuentro aparecen los indeseables recuerdos, las visiones horrendas, como por ejemplo, la de la Mamá Grande, execrable prisión donde las bestias militares redujeron por la fuerza todo intento de rebelión de voces críticas como la suya.

Para concluir, Saúl Ibargoyen comentó que se trata de una novela en la que se permitió hacer una especie de ajuste de cuentas de carácter familiar, con la finalidad de encontrar un equilibrio emocional y afectivo.

Hortensia Carrasco manifestó que para Ibargoyen no se trata de un viaje; esta narración es como una especie de sueño, que puede abrirse a otros sueños como a otras realidades. También puede verse no sólo como una procesión de fantasmas, sino como factores para una posible escritura para liberarse de ellos.


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