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Hernán Lara explora el carácter de autores “muy cercanos a mi hígado y a mi corazón”

Written By Unknown on Selasa, 02 September 2014 | 15.16

Hernán Lara explora el carácter de autores muy cercanos a mi hígado y a mi corazón

Carlos Paul

Periódico La Jornada
Lunes 1º de septiembre de 2014, p. a10

El dilema ciencias versus humanidades, la relación entre el carácter del escritor y el consumo de alcohol, el fascinante asunto de las últimas palabras de los grandes autores y las ideas poéticas del más dionisiaco y asistemático de los filósofos, Friedrich Nietzsche, son algunos de los temas de reflexión que se abordan en el libro La prisión del amor y otros ensayos narrativos, escrito por Hernán Lara Zavala (Distrito Federal, 1946).

James Joyce, Malcom Lowry, D. H. Lawrence, Graham Greene, Evelyn Waugh, Miguel de Cervantes, William Shakespeare, Oscar Wilde, William Faulkner, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Robert Stevenson, Vladimir Navokov, George Orwell y Aldous Huxley son algunos de los autores que han marcado la trayectoria literaria de Lara Zavala, y de los que en dicho volumen el autor invita a encontrar los vínculos secretos entre obras, escritores, motivos y palabras.

Tono conversacional

En este caso se trata de una serie de ensayos narrativos, ya que, a diferencia de otros libros (también de ensayos), en éste Lara Zavala se aleja del tono académico e imprime a los textos un tono más conversacional, al inyectarles una mayor amenidad, para explorar el carácter y personalidad de los escritores seleccionados, explica el autor en charla con La Jornada.

La idea es que los ensayos se puedan leer como si se sostuviera una plática de sobremesa, comenta Lara Zavala. Los autores mencionados, explica, "son parte de mi trayectoria. Son los autores que he cultivado prácticamente durante toda mi vida. Son autores muy cercanos a mi hígado, a mi corazón, a mi estómago y a mis cojones.

Ellos me han enseñado muchas cosas. He aprendido a vivir con ellos. Tanto en el ámbito de la ficción como en el de sus experiencias personales. La selección se centra en la literatura anglosajona, aunque no abordó a otros tantos autores.

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En este libro, Lara Zavala se aleja del tono académicoFoto Pablo Ramos

Autores ausentes

"En el volumen no toco a Henry Green, Muriel Spark, John Updike,William Trevor ni a Ian McEwan, ausencias que espero resarcir más adelante. Tampoco incluyo escritores mexicanos ni latinoamericanos, cuya obra trataré en un volumen próximo.

En lo personal no me interesa la ciencia ficción en absoluto; para desgracia mía tampoco las novelas policiacas o novela negra, pero sí me interesan Joyce, Lowry, Cervantes, Wilde, Faulkner, Fitzgerald, Hemingway y Stevenson, entre otros, con quienes he encontrado distintos puntos de identificación.

La prisión del amor es también título del ensayo con el que abre el libro. En él, Lara Zavala reflexiona en torno a cómo las mejores novelas amorosas o eróticas del siglo XX y XXI tienen algo en común: cierta perversidad enfermiza de sus protagonistas.

Otro de los temas, "que me atañe personalmente, pues estudié primero ingeniería y luego letras –continúa el escritor–, parte del dilema sobre qué es más importante: las ciencias o las humanidades. Es muy difícil ejercer profesionalmente ambas, pero un científico que sabe de arte y humanidades será mejor científico, y viceversa. Seremos una mejor sociedad si ambas se combinan".

Respecto de la relación de los escritores y el alcohol, Lara Zavala considera: Sí hay una correlación, que tiene que ver, entre otras cosas, con la inspiración y la angustia, ya que la escritura es una actividad muy solitaria que te fuerza a muchas cosas, y el alcohol te puede dar dos o tres opciones. Es de cierta manera una necesidad. En algún sentido relaja y en otros ilumina; en otras ocasiones el alcohol es un premio, tras terminar una jornada de trabajo.

A manera de colofón, aborda la figura de Nietzsche, sobre sus ideas poéticas y una posible semejanza con algunos autores ingleses.


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Arte maya y colimense, origen de la obra del español Xavier Mascaró

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En la imagen sobre estas líneas, parte de Guardianes, su serie más conocida, la cual se exhibió en 2008 en los jardines del Palais Royal de París y en el Paseo del Prado de Madrid. A la derecha, el autor, Xavier MascaróFoto cortesía del artista y Lucía Ramos

Jorge Caballero

Periódico La Jornada
Lunes 1º de septiembre de 2014, p. 9

Fascinado por las culturas prehispánicas, sobre todo por las máscaras mortuorias mayas y la cerámica de Colima, el artista visual español Xavier Mascaró, recién afincado en México, (1965), presentará una muestra de su trabajo escultórico reciente en la afamada galería Saatchi de Londres.

La exposición, titulada Departure (Partida), permanecerá abierta en la capital de Reino Unido del 3 de septiembre al 5 de octubre del este año.

Además, en el espacio público, afuera de la afamada galería de arte contemporáneo, se exhibirán tres Guardianes –esculturas monumentales de varias toneladas de peso y más de tres metros de alto–, pertenecientes a la serie que ya fue exhibida en 2008 en los jardines del Palais Royal, en París, y en el Paseo del Prado, en Madrid.

La serie de los Guardianes, realizada en hierro oxidado, es una reminiscencia de las armaduras de los antiguos guerreros samuráis y los caballeros medievales de Europa.

Departure reúne una instalación formada por un conjunto de 26 barcas de bronce y hierro, cuyas medidas oscilan entre 1.30 y cinco metros de alto, mientras en una sala contigua se mostrarán siete vitrinas que contienen grandes máscaras de aluminio dispuestas en semicírculo.

La exposición londinense incluye cinco grandes cabezas en hierro y dos piezas más pequeñas que representan parejas; una de estas últimas se titula Sacred Couple y está inspirada en la cerámica de origen prehispánico de Colima.

La barca como icono, semivarada, a punto de partir, o tal vez de atracar, deshabitada, (in)móvil, ha sido un elemento recurrente y presente en la obra de Mascaró. Con él ha diseñado una eficaz, hermosa y milenaria metáfora de la travesía, del viaje; el dibujo alegórico de un proceso de conocimiento, de reconocimiento y de misterio, asegura el crítico Francisco Carpio.

La muestra Departure permanecerá en la Saatchi Gallery de la capital de Reino Unido hasta el 5 de octubre, mientras los tres monumentales Guardianes podrán apreciarse en Londres hasta diciembre de 2014.

Xavier Mascaró nació en París en 1965. Se trasladó con su familia a España en 1968. Realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y se recibió con especialidad en pintura. En 1989 hizo sus primeras obras en bronce y en 1995 comenzó a trabajar en hierro.

Vivió en Nueva York de 1996 a 1998. Regresó a Madrid para trabajar en esculturas monumentales, algunas de las cuales se encuentran instaladas en Ceutí (Murcia), Jerez de la Frontera (Cádiz) y Pinto (Madrid).

En 2004 se trasladó a Nueva York, donde comenzó a experimentar con obras en distintos materiales.

Parte de Guardianes, su serie más conocida se exhibió en 2008 en los jardines del Palais Royal, de París y en el Paseo del Prado, de Madrid.

Desde 2011 instaló estudios en las ciudades de México y Londres. Actualmente vive entre esas ciudades y Madrid.

La obra escultórica de Xavier Mascaró –mostrada con gran éxito en la ciudad de México, en la Galería Hispánica Contemporánea, el pasado mes de julio– tiene influencias de las culturas mesoamericanas y del Occidente de México.

Para más información se pueden consultar los sitios de Internet Saatchi Gallery y Xavier Mascaró.


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“La literatura no sólo corre el riesgo de desaparecer, sino de volverse innecesaria”

La literatura no sólo corre el riesgo de desaparecer, sino de volverse innecesaria

Reyes Martínez Torrijos

Periódico La Jornada
Lunes 1º de septiembre de 2014, p. a12

El ensayo El libro tachado, de reciente publicación, es la historia de la fragilidad de la literatura y de cómo durante los pasados 200 años ha estado en peligro de desaparecer, afirmó el escritor argentino Patricio Pron sobre su texto, publicado por editorial Turner.

Pron (Rosario, 1975) explica en charla telefónica que el volumen se originó en el reconocimiento del actual estado calamitoso del ensayo en español, ya que hemos olvidado su esencia como género de juego, experimentación, prueba y error; además, en "la lectura de una serie de autores pesimistas que han afirmado en años recientes que la literatura estaría desapareciendo.

La literatura siempre ha estado en peligro, y los últimos hechos no son los que la han puesto en mayor riesgo durante los últimos dos siglos, en los que podemos hablar de literatura en el sentido que se le da la actualidad, o sea, un obra de ficción, con autor y demás.

El narrador y ensayista reconoce que vivimos el esplendor de la cultura letrada en la medida en que buena parte de nuestros intercambios se producen en este momento mediante textos, pero afirma que en el mundo y en particular en América Latina asistimos a un empobrecimiento de la capacidad de las generaciones más jóvenes de comprender textos escritos de cierta dificultad.

Una preocupación más profunda

Así, el tema debería preocuparnos, más que por la muerte de la literatura tal como la concebimos, porque el fenómeno "proyecta sombras directamente sobre la calidad de nuestra democracia en virtud de que buena parte de las elecciones políticas que tomamos son a raíz de nuestra interpretación de ciertas consignas, a menudo escritas. De forma directa y a mediano plazo supondría también un empobrecimiento de las instituciones democráticas, que son instituciones que en América Latina siempre están en peligro.

Una sociedad incapacitada de comprender mensajes de cierta complejidad es también una sociedad que da la espalda al tipo de periodismo que ha estado funcionando como contrapoder y que ha sido sido fundamental en aquellas sociedades que han vivido procesos totalitarios; pienso en Argentina, donde hemos tenido dictaduras particularmente sangrientas en tiempos muy recientes. También es una sociedad que empieza a tomar decisiones políticas tan azarosas como el rostro de un candidato político o la simpatía o antipatía que le provoquen la elección de su vestuario, cuestiones que pueden resultar trágicas a mediano y largo plazos.

El también autor de la novela Nosotros caminamos en sueños (2014) coincide con el ensayista Gabriel Zaid sobre el daño hecho por la proliferación de libros; uno de los peligros más acuciantes está vinculado con que buena parte de lo que se nos vende como literatura no lo es ni se le parece en absoluto (...) y con la especie de convicción de que la literatura carece de la capacidad para transformar o de intervenir en procesos políticos o sociales.

Resume: La literatura no solamente corre el riesgo de desaparecer junto con el modelo de negocio que la sostuvo en las décadas recientes, sino que también corre el peligro de convertirse en algo innecesario, accesorio, y que no sería determinante para vivir una vida más digna y entera. Estos fenómenos no están por fuerza vinculados, como dicen algunos autores, con la proliferación de los medios audiovisuales o con nuestros hábitos en Internet, sino con un fenómeno mucho más interesante: la desactivación política de la literatura.

La literatura es un "ámbito para la disidencia, la oposición a las ideas preconcebidas; esta es la motivación principal en El libro tachado. También, el deseo expreso de que volvamos a pensar ciertas cuestiones que ya han sido abordadas, pero que están abiertas a resignificación; por ejemplo: ¿qué significa la literatura?, ¿qué significa leer?, ¿qué es un autor?, ¿cómo debe ser comercializada la literatura y cuál es la posibilidad de intervención que tienen los lectores en ese proceso? y ¿qué significa que un libro sea propiedad de alguien?"


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Hermann Bellinghausen: Elogio de la pereza

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unca está de moda decirlo pero en el fondo todos sabemos que el trabajo está sobrevaluado. Más allá de la contradicción insalvable de que el trabajo da para vivir, no existe nada mejor para el ser humano que no hacer nada (ni siquiera atender tele, ordenador o celular). Es cuando el cerebro funciona mejor, se le ocurren ideas ricas y frescas; sabe entonces qué le gustaría hacer y si quiere lo hace. Que ese es el espacio para la sabiduría y la libertad lo postuló Platón para su platónica República, pues la naturaleza no nos hizo zapateros ni herreros; su utopía hace del comercio una actividad vil y perseguida que crea la necesidad del pago y el dinero. En un texto menor, pero indispensable de la biblioteca marxista, Paul Lafargue emprendió hacia 1880 una inteligente y provocadora apología del derecho a la pereza que no ha perdido novedad ni pertinencia.

Lafargue, yerno de Karl Marx y revolucionario por derecho propio, estando preso en Sainte-Pélagie en 1883 escribiría: La moral capitalista, lastimosa parodia de la moral cristiana, anatemiza la carne del trabajador; su ideal es reducir al productor al mínimo de las necesidades, suprimir sus placeres y sus pasiones y condenarlo al rol de máquina que produce trabajo sin tregua ni piedad. Su refutación del derecho al trabajo, que inició en la revista L'Egalité, terminó llamándose El derecho a la pereza. Sus tesis son sorprendentes viniendo de un marxista clásico, dirigente en la Comuna de París en 1871 y de la Segunda Internacional, convencido de que la clase obrera es la onda, la clave del futuro:

Una extraña locura se ha apoderado de las clases obreras de las naciones donde domina la civilización capitalista. Esta locura trae como resultado las miserias individuales y sociales que, desde hace siglos, torturan a la triste humanidad. Esta locura es el amor al trabajo, la pasión moribunda por el trabajo. En tal sociedad, dicha aberración es causa de toda degeneración intelectual que, según se sabe desde la antigüedad, implica la degradación del hombre libre. Desde la perspectiva teórica de la lucha de clases, no omite señalar la buena fe simplista de la clase obrera, que se deja engatusar.

Armado con el rigor del entonces flamante materialismo histórico, Lafargue considera las prédicas de Cristo en favor de la holganza, y destaca que Jehová, el dios barbudo y huraño, dio a sus adoradores el supremo ejemplo de la pereza ideal: después de seis días de trabajo, descansó por toda la eternidad.

El escritor científico Andrew J. Smart publica ahora en Nueva York El arte y la ciencia de no hacer nada: el piloto automático del cerebro (Clave Intelectual, Madrid, 2014). Sin siquiera mencionar a Lafargue en su amplia bibliografía, emprende una decidida argumentación, basada en hallazgos recientes de las neurociencias, sobre los beneficios del ocio. Smart lleva la reflexión un paso más lejos al presentar nuevos descubrimientos de lo que el cerebro hace cuando no hacemos nada. Ya Bertrand Russell en su Elogio de la ociosidad decía que el camino a la felicidad y la prosperidad reside en una disminución organizada del trabajo.

No obstante que el ocio es considerado anacrónico, Smart sigue detenidamente las experiencias de Isaac Newton y Rainer Maria Rilke, quienes fueron quienes son gracias a su decidido ejercicio del derecho a no hacer nada, y propone usar las neurociencias como excusa definitiva para entregarse al ocio. Mientras Lafargue debatía contra el capitalismo occidental de su tiempo, Smart lo hace contra el luteranismo (calvinismo, cristianismo) dominante en Estados Unidos: La sociedad occidental ha inculcado en nosotros la creencia de que es necesario llenar con actividades todos los momentos de todos los días. En rigor, en Estados Unidos es prácticamente una obligación moral estar tan ocupado como sea posible.

No muy distante es la conclusión de Lafargue 130 años atrás, sin disimular una fascinación futurista por las máquinas (el sueño de Aristóteles) que hoy suena ingenua: "El genio de los grandes filósofos del capitalismo permanece dominado por el prejuicio del trabajo asalariado, la peor de las esclavitudes. Todavía no comprenden que la máquina es la redentora de la humanidad, el Dios que liberará al hombre de las sordidae artes y del trabajo asalariado".

Más crítico respecto de la tecnología, Smart propone que su ensayo sea leído como meros consejos acerca de cómo no hacer nada, salpicado con ejemplos prácticos. Ante el retroceso mundial de los derechos laborales –que vivieron cierta primavera durante el siglo XX, demasiado breve en la cuenta larga de la Historia– vale su comprobación básica: A medida que nuestros horarios laborales se extienden, nuestro bienestar mental y nuestra salud física disminuyen. Hoy que se imponen la semiesclavitud y el desempleo como su opuesto gemelo, hay que insistir en conceptualizar al trabajo como una plaga contraria a la libertad.


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Colectivo interviene espacios “marcados por el olvido” en pro de la educación

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Una sesión de trabajo del colectivo coordinado por Alejandro Hernández

Fabiola Palapa Quijas

Periódico La Jornada
Lunes 1º de septiembre de 2014, p. a11

Alejandro Hernández, coordinador del proyecto Teatro para el Fin del Mundo, creado para la intervención y ocupación de espacios marcados por el olvido, informó que desde julio pasado trabajan en el rescate de tres escuelas abandonadas en las ciudades de Tampico, Jalisco y Real del Monte.

Uno de los propósitos del programa es generar un mapa de sitios abandonados en el país y brindar un esquema de actividades para que los espacios vuelvan a funcionar. Nos hemos dado cuenta de que son las instancias educativas las que están marcadas por el olvido y, sobre todo, nos llama la atención que sea en estos momentos en que existe una necesidad de generar procesos formativos frente a los escenarios de violencia que se viven en México, relató Hernández.

Lazo con las comunidades

El colectivo Teatro para el Fin del Mundo –que también organiza un encuentro escénico en espacios en ruinas– crea un vínculo con las comunidades que se encuentran en la periferia de los espacios, para involucrarlas en el proceso de recuperación, aunque no se trata de una rehabilitación o remodelación del lugar, sino de devolverle sus funciones operativas.

Sobre la situación de las escuelas, Hernández reflexionó: Una pregunta que surge a partir de todo este desastre que se llama México es: ¿quién enseña y quién aprende? Parece que cada individuo es su propio maestro y su propio aprendiz. Hace falta generar acuerdo dentro de los procesos formativos; tratamos de impulsar, de encontrar una educación alternativa, porque el modelo en el país es insuficiente.

Como parte del trabajo de rescate en las escuelas abandonadas, el grupo de Teatro para el Fin del Mundo realiza un registro de las condiciones del inmueble y sobre aspectos de seguridad, para que en un futuro esos espacios sean habitados y se realicen prácticas escénicas relacionadas con el tema de la educación en el país.

Más allá de desarrollar espectáculos o presentaciones teatrales queremos expandir las alternativas de la comunidad hacia la creatividad, la reflexión y la crítica, explicó Hernández.

En el programa se registraron más de 25 escuelas en situación de abandono en el norte del país, pero sólo tres fueron valoradas para trabajar el proyecto de rescate.

Queremos crear una plataforma de colaboración ciudadana, una especie de resistencia civil, que permita a la gente sobrevivir a todo lo que esta sucediendo en los ámbitos económico, cultural y social en el país.

La intervención de espacios en condiciones de ruina, a consecuencia de la violencia o de fenómenos naturales, como ciclones, surgió de la gira del colectivo Asalto-Teatro realizada en 2008 en los estados pertenecientes a la franja del golfo de México.


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Bárbara Jacobs: Reflejo o visto al revés

Written By Unknown on Senin, 01 September 2014 | 15.17

E

l suceso que Clarisa Landázuri registró en su más reciente columna en La Voz Brava me inquietó lo suficiente para que me anime a transcribirlo aun sin la autorización de la autora.

"Leía temprano en un rincón del café cuando vi entrar a una mujer mayor sin cejas y con la cabeza rapada apenas escondida con una boina. Antes de acercarse al mostrador y hacer su pedido, sin la menor ostentación, casi pidiendo permiso al sentido común, apartó debajo de la ventana con un periódico una mesa para dos, pequeña, baja, redonda, la única con sillones en vez de sillas alrededor. Minutos después, al regresar a la mesa apartada, se encontró con que un adolescente de pantalón corto y piernas blancas, escuálidas y lampiñas, ocupaba cabizbajo uno de los sillones, las manos entrelazadas sobre las rodillas. Atenta a balancear el plato, con una pieza de pan, un café en un tarro y una servilleta, se agachó cuidadosamente y, con una amabilidad confundible con la dulzura materna, le señaló el periódico que ella había puesto ahí encima y le dio a entender que la mesa tenía un ocupante previo que no era él, sino ella. El joven había alzado la cabeza apenas percibió a su lado a la señora de pie y, sin decir palabra, con una expresión visiblemente angustiada en la frente fruncida y los labios temblorosos, se levantó y se dirigió hacia un hombre que esperaba turno en la cola para pedir alguna selección de desayuno para su hijo y para él. Sin embargo, en el momento en que la mujer de boina empujaba el periódico y en su lugar colocaba el plato sobre la mesa y se disponía a sentarse en uno de los dos sillones, el hombre que hacía cola ante el mostrador la llamó en voz alta, con un apelativo que, en el contexto o por el tono, resultó hostil y vulgar. '¡Oiga!', llamó él. Ella, que sólo podía ser la señora sin cejas y de cabeza rapada, detuvo la acción de sentarse y, con manifiesta dificultad, giró el torso y miró hacia quien había alzado la voz para llamar su atención. Parece que consideró que era más fácil dar algunos pasos y acercarse a él directamente que, sin apenas volver la cabeza, preguntarle desafiante y a gritos si se refería a ella y, en tal caso, qué se le podía ofrecer. Más fácil, digo; ciertamente más educado, más afín a ella misma, a la situación y a las circunstancias. No oí lo que ella le habrá preguntado una vez que lo tuvo enfrente, pero sí que él le afirmó, inflando el pecho, como si su estatura, más alta que la de ella, o su género, el opuesto al de ella, lo autorizaran, '¡Aquí no hay mesas apartadas!' y, como si de inmediato hubiera dudado de su afirmación, o sólo para apoyarla con un dato aún más irrebatible agregó, tal vez con la intención inconsciente de culpabilizar a la dama que confiaba solamente en su propia presencia para hacerse, si no entender, al menos respetar, 'Y mi hijo es minusválido'. Ante esto, casi inaudiblemente, casi excusándose, ella dijo algo así como 'No es por nada, pero yo también', al tiempo que daba la espalda al papá, supuesto protector del hijo, y tras unos cuantos pasos alcanzaba de nuevo la mesa en debate, levantaba el plato y el periódico y salía a la terraza a buscar otra mesa, una que tuviera sombrilla que la protegiera lo mejor posible del sol pues, se sabe, para personas en la indiscutible condición de esta señora, el sol es más dañino que para los demás. Lejos del alcance del oído de la enferma vencida, el hombre, como señalado con el dedo del sentido común, en voz alta pero sin fuerza, rectificó, 'Tómela usted', pero ella había cruzado el umbral de la puerta del café y había encontrado una mesa libre de pleito en la terraza, y ocupaba una silla a espaldas del vidrio a través del cual él quería hacerse escuchar por ella, digna o débil o como quiera vérsele. Por su parte, ella, impasible, tomaba café a sorbos mínimos y, en pedazos también minúsculos, para desayunar comía la pieza de pan. No sé qué habrá pensado ella una vez del otro lado de la escena de los hechos, pero la reflexión que a mí se me fue formando y que habría deseado exponer a un jurado hipotético, consistía en comparar la acción de apartar una mesa con un periódico con la de apartarla con un niño enfermo, y sólo entonces decidir, si fuera necesario juzgar, cuál de los dos apartadores de mesas había violado qué regla que permite o prohíbe apartar una mesa, para condenarlo y castigarlo."


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Escritor recrea una imagen más juguetona del poeta Philip Larkin

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El libro de Booth contiene instantáneas de la madre y las amantes de Larkin, y autorretratos inéditos, algunos tomados al parecer por el obturador de acción retrasada cuando estaba solo, en anticipación a la selfie actual, refiere el biógrafoFoto Archivo

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Nunca escribas nada porque pienses que sea verdad, sino sólo porque creas que es bello, apuntó Larkin en 1964, al principio de su séptimo cuaderno de trabajoFoto Archivo

James Booth

The Independent

Periódico La Jornada
Domingo 31 de agosto de 2014, p. 2

Philip Larkin es uno de los poetas más populares del siglo pasado, pero su fama como persona ha sufrido una sacudida. En su nuevo libro, James Booth utiliza cartas y dibujos inéditos para colocar al escritor bajo una luz más favorable.

El afecto por Philip Larkin es casi universal. Se le cita con más frecuencia que a cualquier otro poeta de su tiempo: el intercambio sexual empezó/ en mil novecientos sesenta y tres, El amor es lo que nos sobrevivirá, Nunca tanta inocencia de nuevo, La segura extinción hacia la que viajamos. Sus poemas evocan la más amplia gama de estados de ánimo, desde la regocijante celebración de The Whitsun Weddings hasta el celo sanguinario de Toads; desde el anhelo de An Arundel Tomb hasta la desesperación de Aubade. Sus poemas, cada uno forjado para ser su propio y único universo recién creado, se han alojado familiarmente en nuestra mente. Una sola frase o palabra puede hacernos recordar un poema completo: casi-instinto, brillante incipiencia, el intercambio del amor, averiguaremos, de nuevo. Las palabras de Larkin poseen lo que Martin Amis ha llamado memorabilidad sin fricción.

Su imagen visual, en fotografías de Fay Godwin y en innumerables caricaturas, evoca una respuesta más ambigua. Él mismo es un talentoso fotógrafo que construyó un registro deliberado de su vida como ningún poeta lo había hecho. Mi biografía contiene, además de instantáneas íntimas de su madre y sus amantes, autorretratos inéditos, algunos tomados al parecer por el obturador de acción retrasada cuando estaba solo, en anticipación a la selfie actual.

Registro de su desarrollo y decadencia

Creó una secuencia de autointerrogatorios fotográficos, mediante la cual, como Rembrandt, aunque en escala más modesta, registró sin apasionamiento su desarrollo y decadencia física. Algunos son poéticos, otros lúgubres, otros de una quemante burla a sí mismo. Una imagen de 1974, que claramente se tomó solo (la cabeza está demasiado cerca de la parte alta del marco), parece diseñada para ilustrar Aubade, comenzado ese año:

"... No para estar aquí,

ni en ningún lado,

y pronto; nada más terrible, nada más cierto".

Larkin estaba consciente de que su apariencia física podía generar respuestas negativas, e intentaba controlar su imagen visual pública. Escribió a Fay Godwin que había dado a Faber vehementes instrucciones de no usar un grupo de las fotografías tomadas por ella, resuelto a que "el Estrangulador de Boston no volviera a aparecer". Con todo, esa imagen figura en la portada de la actual edición de Poemas selectos: su sombría mirada da sustento a la afirmación de Martin Amis, en la introducción, de que Larkin no tenía emociones ni esencias vitales dignas de volver a mirarlas, pero sacaba de su vida toda su energía, y todo su amor, para volcarlos sobre su obra.

Aunque Larkin es uno de nuestros poetas más queridos, también es un hombre al que nos encanta odiar. Luego de la publicación de las Cartas selectas de Anthony, en 1992, y de la biografía oficial de Andrew Motion, en 1993, Larkin cayó de gracia en forma espectacular. Don Simpático derriba a Don Repulsivo, decía el encabezado de una entrevista con Motion en The Independent. En fecha más reciente, los reseñistas de The Complete Poems, publicado en 2012, declararon que, por conmovedora que pudiera ser su poesía, Larkin era un hombre singularmente desprovisto de atractivos, un vil desorden. Algunos comentaristas fueron más allá, siguiendo a Lisa Jardine y Tom Paulin al desvelar sus tendencias sexistas y racistas: la cloaca bajo el monumento nacional. Un reseñista declaró, a propósito del comentario de Archie Burnett en The Complete Poems: Lo único que nos recuerda es lo mierda que Larkin era en la vida real.

En mi biografía, yo no asumo que los poetas deban ser agradables o virtuosos. Pero al entrevistar a uno de los amigos sobrevivientes de Larkin me encontré dudando si la vida y el arte pueden en realidad estar tan en conflicto entre sí. La mujer con la que Larkin se involucró, sus amigos literatos, sus colegas de la biblioteca, todos rechazaron la versión de Don Repulsivo. Lo recordaban con afecto, como ingenioso, entretenido, considerado y amable. ¿Y es posible que el autor del desgarrador Talking in Bed, el eufórico For Sidney Bechet y el sereno Here careciera de emociones? Parece que la negativa imagen pública de Larkin no se construyó sobre la evidencia de quienes lo conocieron, ni sobre su poesía.

A Jean Hartley, quien fue su amiga durante 30 años, le impactaba su empatía desprovista de afectación: Daba toda su atención a cualquier persona con la que tratara. Nunca tuve la sensación de que buscara un hueco en la conversación para insertar sus opiniones. Parecía seguir invariablemente el curso de pensamiento de uno, más que el suyo.

En sus poemas penetra en los sentimientos de una víctima de violación de la era victoriana, de un cordero recién nacido en un campo nevado, de una viuda que llora sobre las canciones de su amor perdido, de un vivaz fantoche literario en un acto gratuito. En algún momento consideró poner a su tercer volumen de poemas el ambiguo título Vivir para otros.

Escribía con regularidad a ocho corresponsales con los que tenía una larga relación, presentando a cada uno una versión de sí mismo modulada según las expectativas de ellos: bromas brillantes y prejuicio para el historiador Robert Conquest y el novelista Kingsley Amis; mordaces y lúgubres observaciones sobre la vida y el arte para la historiadora del arte y votante liberal Judy Egerton y el poeta Anthony Thwaite; charla afectada con su inocente asistente de bibliotecaria católica Maeve Brennan y con su propia madre viuda y sola.

A la publicación de sus Cartas selectas, este ejercicio de vivir para otros condujo a que lo acusaran de duplicidad. Sus corresponsales descubrieron que no era el hombre que habían creído. A Maeve Brennan le disgustaron sus palabras altisonantes; a Amis le molestó su sentimentalismo. Los comentaristas cometieron el error de identificar los pasajes más ácidos y transgresores con el verdadero Larkin. Todos esos Larkins eran reales, pero todos tenían un elemento provisional, a veces pesadamente provisional. Conforme su confianza creativa decaía en sus años finales, por ejemplo, sus cartas a Amis y a su amante de por vida, Mónica Jones, proyectaban una versión de sí mismo que ellos pudieran aprobar, muy alejada de los poemas que escribía en esa misma época.

Paradoja entre el poeta y el hombre

Existe de hecho una paradójica relación entre Larkin el poeta y el hombre, pero no es, como se representa con frecuencia, entre un artista fértil y un hombre estéril. Más bien es la esbozada en su poema Sympathy in White Major: entre un artista solitario, su fiel amigo y su amante, intentando en vano ser todo para todos, o (más comúnmente) para las mujeres. Preservaba su inviolabilidad como artista manteniendo a distancia hasta a sus más íntimos amigos y amantes. Para un poeta tan emocionalmente susceptible y lleno de dudas sobre sí mismo, era una estrategia necesaria, pero conllevaba una fuerte carga de culpa y auto reproche. En sus relaciones personales, Larkin estaba siempre listo a ponerse del lado incorrecto. Como dijo John Banville, el desprecio por sí mismo no era segunda naturaleza, sino primera para él.

En 1979, Larkin afirmó: Siempre he sido del ala derecha. No es cierto. En una carta a Mónica, escrita un cuarto de siglo atrás, había insistido en su prejuicio por la izquierda.

En un pasaje de una carta de 1953, publicado por primera vez en mi biografía, intentaba desactivar un oscura riña ente ellos: "Bien, querida (…), aun si en el fondo a ninguno de los dos le importa, el hecho es que tú explotas a la derecha y yo exploto a la izquierda". En realidad, a Mónica la política le interesaba en una forma que a él no. Pero él característicamente evade la pelea, felicitándola por hacer una mejor tarea que él al defender sus explosiones.

Luego neutraliza el asunto dibujando una caricatura de Mónica como coneja en una caja de jabón, sobre un cartel que dice Acelerar el programa de borrado, enfrenando a un Larkin foca, también en una caja de jabón, sobre un cartel que dice Ninguna creatura está a gusto sin trabajo.

La relación con Mónica Jones muestra una constante negociación entre el hombre que vive por otros y el artista, inmerso en su visión. Cuando Larkin conoció a Mónica, en 1946, como colega en el Colegio Universitario de Leicester, se sintió atraído por la vulnerable belleza de ella y su nerviosa ineptitud social. Pero ella tenía rígidos perjuicios que conservó toda la vida. Una vez, en la casa de Ann y Anthony Thwaite, ella interrumpió una conversación: ¡Qué se puede esperar de ellos si son judíos! La reacción inicial de Larkin fue de identificación empática; a finales de la década de 1940 trabajaba en una novela cuyo centro de conciencia, Augusta Bax, está basado transparentemente en ella. En un borrador que sobrevivió, Augusta se queja con su madre, que está de visita, acerca de una colega judía refugiada, la señora Klein, que no es una dama, que come "enormes batidillos goulaschosos" en la mesa compartida de la cocina, y que acaba de perder a su marido: Tengo entendido que los nazis decidieron que podían seguir adelante sin él. Si él era algo parecido a ella, comprendo por una vez ese punto de vista.

Aunque las partes finales de la novela nunca se escribieron, resulta claro en el esbozo del argumento de Larkin que el insensible antisemitismo de Augusta desaparecería cuando ella quedara bajo la influencia de los parientes estadunidenses de la señora Klein, una familia de yanquis maravillosamente amorosos, que le darían empleo de acompañante de su problemática hija y la llevarían a Estados Unidos. Larkin mantuvo su novela del todo secreta para Mónica. Cuando al fin abandonó el manuscrito, en 1953, escribió a Patsy Strang: Debería ser en gran parte un ataque a Mónica, y no puedo hacer eso cuando aún nos mantenemos en términos amistosos.

En 1954, sus sentimientos de protección por Mónica se profundizaron cuando Kingsley Amis, celosa de su rival por el afecto de Philip, la representó como la neurótica y manipuladora Margaret Peel en Lucky Jim. El sello definitivo del compromiso de Larkin con Mónica se estampó en 1959, cuando los dos padres de ella fallecieron y ella cayó en profunda depresión. Después ya no pudo abandonarla. Pero, leal como era, jamás se sometió a la versión que ella tenía de él. Mónica consideraba a la revista humorística de derecha Punch la columna vertebral de Inglaterra. Explotando a la izquierda, él condenó la insensible celebración que la revista hizo de la mixomatosis en Gran Bretaña, diciéndole a Mónica que "El New Statesman jamás ofendería de esa forma, y los juzgo por ello".

Inglaterra, un vínculo

La famosa fotografía que Mónica tomó al poeta, sentado con expresión inescrutable sobre el letrero fronterizo Inglaterra, resumía para ella un vínculo esencial entre los dos. Larkin, sin embargo, había expresado su visión instintiva en una carta anterior: ¡Dios mío, sin duda el nacionalismo es la marca más segura de la mediocridad! Aparte del poema Going, Going (hecho por encargo, y al que él llamaba mi vociferante papilla convencional), su poesía contiene la palabra Inglaterra sólo en contextos neutrales o incómodamente irónicos: en I Remember, I Remember (Venir a Inglaterra en una línea diferente), The Importance of Elsewhere (Vivir en Inglaterra no tiene tal excusa) y en Naturally the Foundation will Bear Your Expenses (Oh, cuándo madurará Inglaterra). Para Larkin, cualquier otra parte era siempre más confortable que la patria. En política, y por tanto también en poesía.

Mónica, se repite a menudo, sugirió la palabra clave blasón en An Arundel Tomb, y se ha dado por sentado que ella tuvo mayor influencia en los poemas de Larkin. Sin embargo, las opiniones de ella eran crudas comparadas con las de él. Ella era hostil hacia el simbolismo, la fuente de las trascendencias más sublimes del poeta (¡Quítenme esos áticos! ¡Esas ausencias!). En una pauta repetida muchas veces en las cartas, él cedía ante ella en la superficie, mientras hacía caso omiso de sus ideas en la práctica:

"Claro que estoy de acuerdo en lo que dices sobre el simbolismo. ¿Cómo podría no estarlo? Mi mente está pesada como siempre esta noche, pero sé que estoy allí contigo, como un conejo acurrucado contra un tubo cálido fuera del invernadero en una noche helada.

Tan pronto como comienzas a querer decir una cosa y dices otra, abres una brecha y la cosa suena hueca. Los conejos no entenderían el simbolismo. Pero mientras más proclamaba el filisteísmo tradicionalista que Mónica requería de él, más huecos entre el dicho y el significado se abrían en sus poemas. En Money, el poeta escucha cantar al dinero: "…Es como mirar hacia abajo/ desde largas puertas vidrieras en una ciudad de provincia,/ los barrios bajos, el canal, las iglesias ornamentadas y rabiosas/ en el sol de la tarde…"

En 1964, al principio de su séptimo cuaderno de trabajo, escribió: Nunca escribas nada porque pienses que sea verdad, sino sólo porque creas que es bello. A Mónica no le habría gustado este intenso esteticismo. Como Kingsley Amis, ella insistía en que Larkin se redujera a la versión que tenía de él. Por fortuna para la poesía, él se negó.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya


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Cierra cumbre cultural de Iberoamérica con la agenda digital entre los temas relevantes

Cierra cumbre cultural de Iberoamérica con la agenda digital entre los temas relevantes

Foto

La conferencia se convoca previo a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se realizará en diciembre en Veracruz. En la imagen, al centro, Rafael Tovar y de Teresa, titular de ConacultaFoto Yazmín Ortega

Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Domingo 31 de agosto de 2014, p. 4

Secretarios, ministros y delegados de instituciones culturales de Iberoamérica concluyeron el viernes pasado la conferencia número 17 en la que delinearon los temas para los próximos años: agenda digital, IberProgramas (a los que se propuso crear dos más: IberArtesvisuales e IberCocinas) y cuentas satélites de cultura.

Al finalizar la conferencia, a la cual se convoca previo a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se realizará el próximo diciembre en Veracruz, se firmó un documento en el que se añadió la propuesta cubana de apoyo al Decenio Internacional de los Afrodescendientes, y de Brasil respecto de un seminario de lingüistas en Foz de Iguazú.

Durante el encuentro, al que asistieron representantes de los 22 países que integran la región, se analizaron también temas como los derechos intelectuales en el contexto del desarrollo de Internet, la democratización de la cultura y cómo se ha avanzado en los programas de cooperación cultural (Iber) que ahora suman 13, entre ellos Ibermedia, Iberescena, Ibermúsicas, Iberorquestas juveniles, Ibermuseos, Iberartesanías, Iberarchivos, Ibermemoria sonora y audiovisual, Ibercultura viva e Iber-rutas, para los que se han recibido fondos por más de 130 millones de dólares y se han repartido ayudas por casi 98 millones de dólares. Aquí se inserta la propuesta de Argentina de crear Iberartesvisuales, y la de México, Colombia y Perú para la creación de Ibercocinas.

Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), recordó que este año los temas de la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado serán Educación, Innovación y cultura. Los puntos que planteemos ahora serán, en muy buena parte, la agenda iberoamericana de los próximos años. Todas las reflexiones y propuestas que se han hecho han sido trabajadas de modo muy serio, muy responsable, y con mucho cuidado se ha redactado un documento con el que todos estuvieron de acuerdo,

En cada conferencia surgen nuevos temas y propuestas, pero hay una constante, que es el interés prominente de todos nosotros por engrandecer los contenidos culturales en el contexto general iberoamericano, añadió el funcionario.

En esta reunión surgieron tres temas muy importantes, que, por un lado, pueden estructurar la experiencia acumulada y por otro el trabajo hacia adelante de la Secretaría General Iberoamericana (Segib).

Esos tres temas son "la agenda digital, que independientemente de lo que cada país ha avanzado o lo que pueda avanzar es una realidad absolutamente innegable en el mundo contemporáneo, reconocer las experiencias, sumarlas a aquellas que han sido exitosas en otros lados, conocerlas y concentrar en ellas los contenidos del verdadero espacio iberoamericano es una oportunidad única.

En segundo lugar tenemos una serie de instrumentos que son los Iberprogramas que se han ido decantando a lo largo de 17 años, y que en muy buena parte comprenden ya el conjunto de la temática cultural, incluyendo artes visuales, que planteaba Argentina. En ellos están la posibilidades de nuestra agenda, nuestras posibilidades reales de acción y los mecanismos de cooperación y de interlocución entre nosotros.

El tercer tema es el de las cuentas satélite de cultura. "Todo lo que podamos expresar aquí se convierte en palabras y en buena voluntad si no tenemos los datos duros de lo que es la realidad cultural de cada país.

La experiencia que tuvimos con la Cuenta Satélite en México, la primera que se lleva a cabo, arrojó resultados que no creíamos que fueran tan precisos y tan importantes para la cultura. En primer lugar, el consumo cultural representa 3.4 por ciento del producto interno bruto (PIB), es decir, 3 mil 700 millones de dólares, y de 41 millones de usuarios que en 2013 hubo de Internet, 31 millones hicieron consultas culturales. Esto no es una utopía ni ideología, ni deformación de la realidad, es una realidad que tendremos todos que enfrentar desde sus distintos ángulos y dimensiones.

A continuación, la presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile, Claudia Barattini, leyó el Proyecto de Declaración Final de la XVII Conferencia Iberoamericana de Cultura que, con algunas modificaciones, se convirtió en el documento final que firmaron los asistentes.


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Rius imparte taller a profesores de la Sección 22 de la CNTE

Jorge A. Pérez Alfonso, corresponsal

Periódico La Jornada
Domingo 31 de agosto de 2014, p. 5

Oaxaca. Este sábado se desarrolló en la primaria Abraham Castellanos el segundo taller del Programa de Lectura y Redacción Crítica para Maestros de la Sección 22 perteneciente a la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), impartido por Eduardo del Río Rius. Esta actividad tiene como propósito capacitar a los maestros para que motiven la lectura en los estudiantes sin importar el nivel educativo al que acudan. El caricaturista michoacano reconoció además que no sólo le causa emoción y alegría participar en actividades de este tipo, sino que interactuar con los profesores le permitirá tener mayor conocimiento de la lucha magisterial y los problemas que atraviesan, lo que finalmente le ayudará a dar forma a un libro en el que ya trabaja, aunque aún no sabe cuándo lo terminará, dijo. Si bien recordó que ya cuenta con un libro sobre la educación en México, éste ya se hizo viejo; voy a aprovechar este encuentro con los maestros para compartir muchas cosas de las que tengo dudas. El libro abarcará diversos temas educativos y contendrá textos e ilustraciones hechas por el artista, quien desde hace más de un año reside en la ciudad de Oaxaca.


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Ejecutarán dos obras poco conocidas de Giacomo Facco

Ángel Vargas

Periódico La Jornada
Domingo 31 de agosto de 2014, p. 5

Dos obras poco conocidas del compositor Giacomo Facco (1676-1753) forman parte del concierto Éxitos del barroco: segunda parte, que la Orquesta Barroca Mexicana ofrecerá este domingo a las 17 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Se trata de los conciertos 7 y 12 de ese músico italiano, los cuales no son interpretados de forma continua en la capital del país desde principios de la década de los 60 del siglo pasado, poco después de que fue descubierta una serie de partituras de ese autor en el Colegio de las Vizcaínas, ubicado asimismo en este urbe.

Según ha dicho en reiteradas ocasiones el director de dicha agrupación, Miguel Lawrence, Giacomo Facco fue uno de los más importantes compositores de su época, a la altura de Antonio Vivaldi y Georg Philipp Telemann, como lo avala el hecho de que fue maestro de tres generaciones de los reyes de España, la potencia de aquel entonces.

Que su nombre no haya trascendido como los de sus mencionados colegas se debe a que la mayor parte de sus partituras se perdió durante un famoso incendio ocurrido en el Real Alcázar de Madrid, en 1734, de acuerdo con el mencionado intérprete.

El hallazgo en el archivo de las Vizcaínas

Fue en 1961 cuando el entonces curador del Archivo histórico de las Vízcaínas, Gonzalo Obregón, encontró en un armario un paquete con 12 conciertos de Facco, los cuales hizo llegar al músico italiano, radicado en México, Uberto Zanolli, según relató en alguna ocasión el escritor René Avilés Fabila.

A partir de ese momento, contó el literato, Zanolli emprendió un profundo trabajo de investigación histórico-musicológica, tanto en México como en Europa, sobre la identidad de ese compositor y su obra.

A ello se suma un concierto realizado en el Castillo de Chapultepec, también en los años 60 del siglo XX, en el que dicho músico italiano dirigió por vez primera en México la obra de ese autor hasta entonces desconocido en el mundo.

Además, Zanolli publicó un par de libros: Giacomo Facco, maestro de reyes, en 1965, y en 1979 Una aguja en un pajar, en el que refiere cómo fue el redescubrimiento de ese autor.

El concierto que presentará este domingo la Orquesta Barroca Mexicana en el Palacio de Bellas Artes es la continuación de un proyecto emprendido por la agrupación el año pasado, que incluyó una gira nacional y, como parte de la misma, una actuación en ese mismo recinto.

En esta ocasión, además de los conciertos 7 y 12 de Facco, el grupo encabezado por Miguel Lawrence interpretará piezas de Vivaldi, Telemann y Gluck.


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